top of page

Un deseo llamado Shakira

  • Foto del escritor: Valentín López
    Valentín López
  • 11 dic 2018
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 13 dic 2018

El cronista sigue las reacciones de Nataly durante un concierto al que asistió a mediados de 2011. La fanática leonesa canta, grita y salta al ritmo del Waka-waka en el espectáculo de la cantante colombiana.

Shakira levantó expectativa, sí, pero ante todo, si hay una emoción que puede definir su concierto en León, es el deseo: deseo de verla sobre el escenario, deseo de oír y cantar sus temas, deseo de bailar como ella, deseo de beberse con la mirada cada movimiento ondulante de su cuerpo.

Ella misma propició este sentimiento al presentarse: “¡Ya lo sabes, León: esta noche soy toda tuya!”

Shakira logró lo que ni Ricky Martin, ni tal vez Chayanne, alcanzó del todo: convocar a una multitud de fans que llenara hasta el último resquicio el espacio designado para su concierto.

A Shakira, sus fans leoneses la anhelaron desde el día en que fue anunciada la fecha en esta ciudad, la esperaron durante horas a que subiera al escenario, y le fueron fieles hasta el último aliento (con el waka waka) del concierto.

Como Nataly, a quien no le importó hacer fila desde las seis de la tarde, los apretujones, el cansancio de tanto tiempo parada, y las ganas de hacer pis que, durante más de tres horas, se aguantó hasta que tuvo un baño al alcance.

“Cuando empiece, me voy a volver loca, ¿eh?”, nos advirtió desde el principio.

Y es que Nataly, como otros miles que abarrotaron la explanada de la feria, es una verdadera fan de Shakira: la sigue desde el comienzo de su carrera, desde su primer disco de los Pies descalzos y sus primeros temas como Estoy aquí, Antología y Dónde estás, corazón, cuando ella (Nataly) era adolescente y Shakira tenía el pelo negro y unas caderas que cautivaban a los hombres.

Nataly fue a ver a Shakira al Foro Sol en abril, y cuatro meses después se reencontraba con su ídolo en León.

Yo la veía parada cerca de mí, con su cámara fotográfica tomando ávidamente el video de cada canción, cantando íntegros todos los temas, gritando al final de cada uno de ellos y respondiendo a cada comentario de Shakira como si Shakira se dirigiera sólo a ella, en un diálogo sólo para ellas dos.

“¡Sí, yo también te amo!”, respondía Nataly a Shakira cuando la cantante gritó: “¡Te amo, León!”.

O: “¡Sí, la mía también!”, cuando la cantante exponía, antes de interpretarla, que su canción favorita es Inevitable.

Yo veo a Nataly y entiendo que en ese justo momento, los otros veinte mil asistentes al concierto no existimos para ella, en comunión con su cantante favorita.

Entonces, Shakira, que canta Gitana, rueda por el suelo del escenario y, lentamente, va cesando su baile, hasta quedar, por un momento, en quietud absoluta; entonces Nataly reacciona: “¡Ah, ya se desmayó!”, justo antes de que Shakira reanude el movimiento, casi felino, casi reptil, de su cuerpo que, al ritmo de la música, poco a poco se va reincorporando.

Luego (o antes, qué más da), Shakira cantó para Nataly (también para nosotros, pero, en el universo de Nataly, Shakira cantó para ella) temas como Madrid, Suerte, Ciega, sordomuda, La tortura, Sale el sol, Intuición, Loca, Loba y Ojos así.

Al final, los fanáticos de la colombiana se quedaron deseando más: más tiempo del concierto, más canciones, más curvas en el delgado cuerpo de Shakira.

Al final, los fanáticos de la colombiana se quedaron deseando más: más tiempo del concierto, más canciones, más curvas en el esbelto cuerpo de Shakira.

Nataly salió un poco rabiosa, como tantos más, porque Shakira no cantó La rabiosa, uno de sus más recientes éxitos.

Pero ni eso, ni nada que pudiera opacar a la cantante en este concierto, fue suficiente para que Nataly se decepcionara, ni los leoneses perdieran el deseo que los trajo a este concierto.

Comentarios


© 2019 by Valentín López. Proudly created with Wix.com

bottom of page